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viernes, 3 de agosto de 2012

Localizan las células magnetosensoriales responsables del sentido magnético

Los peces y pájaros migratorios usan el campo magnético de la Tierra para orientarse. Recientemente, unos investigadores han identificado células que poseen el equivalente a la aguja de una brújula, lo que las permite percibir el campo magnético de la Tierra. Esto también puede explicar por qué los cables eléctricos de alta tensión perturban la orientación magnética de estos animales.

Aunque bastantes especies animales pueden percibir el campo geomagnético y utilizarlo para orientarse geográficamente, los esfuerzos encaminados a identificar las células específicas que detectan el campo magnético y convierten esa información en impulsos nerviosos, no han cosechado resultados muy clarificadores.

Esta situación parece que va a cambiar ahora, gracias a la investigación realizada por el equipo internacional del geofísico Michael Winklhofer, de la Universidad Ludwig-Maximilian en Múnich, Alemania.

Winklhofer y sus colaboradores han localizado células magnetosensoriales en el epitelio olfativo de un pez, concretamente la trucha.

Habiendo logrado aislarlas, han podido examinar detalladamente sus propiedades. Para sorpresa de Winklhofer, las células son más fuertes a efectos del magnetismo que lo asumido con anterioridad, un hallazgo que explica la alta sensibilidad del sentido magnético de bastantes de esos animales.

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Algunas aves usan el campo magnético de la Tierra para orientarse. (Foto: Amazings / NCYT / M.M.A.)

Las células detectan el campo mediante inclusiones de tamaño micrométrico compuestas de cristales magnéticos, probablemente a base de magnetita. Las inclusiones están acopladas a la membrana celular, lo que es necesario para cambiar el potencial eléctrico a través de la membrana cuando los cristales se realinean en respuesta a un cambio en el campo magnético del ambiente.

Los nuevos hallazgos podrían conducir a avances en el ámbito de las ciencias aplicadas, por ejemplo en el desarrollo de magnetómetros muy sensibles. Además, plantean la cuestión de si las células humanas son capaces de formar magnetita, y de ser así, cuánta. “Si la respuesta a esta pregunta es sí", especula Winklhofer, "la magnetita intracelular aportaría un substrato fisiológico concreto que se podría relacionar con lo que se conoce como "electrosmog".

El electrosmog es el polémico concepto de que la contaminación electromagnética puede provocar dolor de cabeza, fatiga y otros efectos negativos en algunas personas muy sensibles.

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