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martes, 7 de agosto de 2012

Protección de los ecosistemas marinos profundos de la explotación minera

Protección de los ecosistemas marinos profundos de la explotación minera

La minería en los fondos marinos ya no es una actividad irrealizable, como se pensó hace cincuenta años. Tras el desarrollo de nuevos equipos y métodos para estudiar los océanos y para llegar a kilómetros de profundidad, se acerca el momento en que se puedan extraer a nivel comercial los recursos minerales del lecho marino.
Ante ello, es fundamental proteger dichos fondos, porque aún se desconoce mucho sobre qué especies viven en estos ambientes, cómo evolucionaron y cómo se distribuyen en el planeta, afirmó Elva Escobar Briones, directora del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM (ICMyL).
La especialista subrayó que no obstante las expediciones realizadas a estos hábitats desde hace poco más de un siglo, las zonas que se han muestreado equivalen apenas a la superficie de unos cuantos campos de fútbol.
Esta es la razón por la cual instancias internacionales elaboran los mecanismos para proteger los ecosistemas marinos profundos de los posibles impactos por la actividad humana, regulaciones que hasta hace una década eran inexistentes.
Uno de estos, propuesto por especialistas en el estudio del mar profundo de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (órgano creado por la Organización de las Naciones Unidas, encargado de administrar los recursos mineros en áreas internacionales), consiste en el establecimiento de “zonas de especial interés ambiental”, localizadas en uno de los depósitos de metales en aguas internacionales del Océano Pacífico central, y uno de los más atractivos económicamente a nivel mundial.
Desde el año 2000 hasta la fecha, la Autoridad ha otorgado a consorcios mineros provenientes de países como India, Francia, Japón, Rusia, China, Corea y Alemania, ocho permisos de exploración en las mencionadas zonas, con duración de quince años, para que se extraigan un tipo de estructuras ricas en varios metales, llamadas nódulos de manganeso.
De acuerdo con Escobar Briones, quien participó en el diseño de las zonas, en este momento los contratistas realizan actividades de prospección, la primera fase que conduce a la explotación, y en la cual se hacen colectas a pequeña escala, así como pruebas de laboratorio, para determinar los procesos de extracción de los metales.
Al término de quince años se evaluará si continúa la exploración, dijo la investigadora, y no se descarta que al final de la evaluación se apruebe la explotación comercial de los recursos del fondo oceánico.
Como las llamadas Áreas Naturales Protegidas (ANP), instrumentos de política ambiental utilizados dentro de los países para proteger áreas de gran valor ecológico, las zonas de protección del Pacífico tendrían también una zona núcleo, donde no se permitiría la minería, y una zona de amortiguamiento, ubicada en un lugar contiguo, y que serviría para limitar los impactos de las actividades en las áreas vecinas.
Elva Escobar señaló que la creación de áreas de protección del Pacífico es novedosa por varios motivos. En principio, no se encuentran bajo el gobierno de ningún país (como sí lo están las ANP), pues pertenecen al patrimonio común de la humanidad; además, están en zonas donde hay nódulos de manganeso, un tipo de estructuras ricas en metales, y finalmente, colindan con sitios donde se realizan actividades mineras a pequeña escala.
De acuerdo con la especialista en ecología y biodiversidad acuática, para el diseño de las zonas de protección se consideró también que fueran sitios únicos, importantes para algún ciclo de vida y cuyos ecosistemas fueran más vulnerables que otros.
El estudio “Man and the Last Great Wilderness: Human Impact on the Deep Sea”, publicado en el año 2011 en PlosONE, menciona por lo menos tres posibles impactos de la minería en los ecosistemas profundos.
El primero es la destrucción física del entorno: “Los nódulos de manganeso son el único sustrato en gran parte del suelo abisal, así que la minería retiraría un tipo de hábitat importante, causando la extinción local de la fauna de los nódulos”, mencionan los autores del artículo.
Un segundo impacto se debe a la “agitación” del suelo marino al momento de la extracción de metales, pues ésta levanta partículas del suelo oceánico que momentáneamente se mezclan con el agua. Tiempo después, las partículas caen al fondo para asentarse, pero al hacerlo, al re-depositarse, entierran a los organismos que allí habitan.
Se ha observado que las comunidades de seres vivos tardan años en recuperarse de este proceso de “agitación” del fondo marino, y que las zonas afectadas se colonizan por especies distintas a las originales, lo que transforma de manera contundente al ecosistema.
La tercera razón por la cual las actividades mineras impactarían al fondo marino es la contaminación de las aguas con desechos mineros.
La directora del ICMyL comentó que las zonas de especial interés ambiental servirán para la recolección de datos biológicos y ambientales y, a su vez, para conocer los hábitats “desde la línea base y cómo cambian conforme se afectan”, es decir, cómo son en un estado inicial no afectado por las actividades humanas y cómo se transforman una vez que son impactados por las últimas.
Agregó que si bien vamos tarde en el estudio del impacto de nuestras actividades en los hábitats del fondo marino, pues ya los hemos afectado, los resultados servirán para dar recomendaciones de qué se puede y qué no se puede hacer en los fondos oceánicos.
Las zonas de especial interés ambiental se insertan en un instrumento más general, el Plan de Ordenación de dicha zona, que todavía se está revisando por los especialistas de la Autoridad.
Los mecanismos de protección del medio marino no son los únicos en desarrollo; en la misma situación se encuentran los marcos jurídicos que regularán las actividades mineras, en particular, en aquellas zonas que no se encuentran bajo la jurisdicción o gobierno de algún país.
La doctora Escobar enfatizó que lo imperante es que se tomen las medidas y se elaboren los escenarios futuros de la minería utilizando el conocimiento biológico, geológico e hidrológico que tenemos, “aunque no sea el más completo”, y agregó: “nuestro principal reto es llevar todo esto a un punto equilibrado, en el que podamos aprovechar los recursos sin que destruyamos los hábitats”.

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